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"Somos una banda única"
Antes de tocar en la Argentina en el festival yeah!, el cantante de The Killers se propone como la salvación del rock americano: "Mi voz parece sonar grande".
La camisa blanca, el chalequito ajustado, el corbatín de lazo: con la imagen de un cuáquero atildado (imaginate al bonachón de la avena Quaker, pero de 65 kilos), este Killer más que matador parece un bombón asesino. Aun con sus modales floridos, Brandon Flowers (26) se postula como la última salvación del rock estadounidense: es el que antes dijo "pondría mi disco Sam's Town contra OK Computer, lo pondría contra Achtung Baby" y el que ahora se asume como un hijo bastardo de Bruce Springsteen, consagrado para ser El (nuevo) Jefe, gracias a un rosario de canciones-himno que pueden sacudir, tranquilamente, un estadio: "Cuando armamos las cosas, nos salió así. Hay buenas partes para batería, de guitarra, de bajo. Y, por la razón que sea, mi voz parece sonar grande".
El backstage del concierto de The Killers en Houston no podría ser más recoleto: platos de frutas, un sofá donde el rubísimo Mark Stoermer afina su bajo, litros de Mountain Dew (los licores no comulgan con el espíritu mormón) y una mesa de ping-pong, en la que el baterista bigotazo Ronnie Vannucci desafía al cronista. Con destreza argenta, le gané por afano (cronista: "A la pelotita se le pega así, ¿no viste Forrest Gump?"; baterista: "Sí, pero no me acuerdo nada"). Este es el apacible detrás-de-la-escena de la banda de rock más elogiada de la Norteamérica presente, el Imperio del Hip Hop, donde un riff es más difícil de encontrar que alguien que haya votado a George W., aun en la aridez de esta Texas petrolera.
-Brandon, ¿qué clase de estrella del rock querés ser?
-No sé. En ese sentido, somos una banda única. Nunca fuimos un grupo que tira televisores por la ventana: eso es la versión cliché sobre lo que debería ser una banda de rock. ¿Qué versión de rockstars somos, Dave?
Dave Keuning, guitarrista: -Del tipo "A". De los buenos.
Brandon: - Hay tantas bandas que no han hecho nada y están viviendo su sueño de rockstar... Todo el mundo le chupa las medias a Keith Richards, aunque él no escribió ni un riff. Pero lo tratamos como una entidad increíble porque se droga y rompe cosas. Debería componer algunos temas más.
-¿Creés que el rock está en peligro de muerte? Porque todo por acá es sobre hip hop o R&B...
-Es obvio que el rock ha visto mejores días. ¡Lo que hicieron todas las bandas buenas es escribir buenos temas! Y eso es lo que perdimos con el hip hop: ese viejo y buen sonido anticuado. Y los "emo" son chicos jóvenes que tienen éxito muy temprano y después... hacen lo que pueden (NdR: sus peleas con Panic at the Disco! y Fall Out Boy fueron pasta de tabloide). El problema es que ya no hay lugar para la buena música.
-¿Y The Killers es "buena música"?
-Esperemos.
Una épica del desierto o la agorafobia hecha canción: The Killers no puede escapar del complejo de "sonar grande", y eso intentará demostrar el 2/11 en la cancha de Vélez. Sostiene Brandon: "Somos de Las Vegas y el desierto del Mojave es un espacio muy abierto, con unos atardeceres gigantescos. Creo que eso atraviesa nuestra música". Si Las Vegas es sinónimo de lujo rancio ("a los 15, tenía esa idea de la adultez: trajes caros y Cadillacs"), la "Ciudad de Sam" que titula su segundo disco refiere a Las Vegas de los pobres. En los 40, un pionero llamado Sam Boyd llegó al páramo con US$ 80 y el sueño de construir un reino en los suburbios. Lo hizo. Fundó un casino para proletarios y esa mística del conurbano vegarense resume una parábola de príncipe y mendigo.
-¿Qué habría que saber sobre "la Ciudad de Sam"?
-El punto es que Sam era un tipo ordinario, que hizo su camino de abajo para arriba y logró algo consigo mismo. Salió de la nada y llegó a algo. Cumple el Gran Sueño Americano.
-¿El Sueño Americano sigue vivo?
-Siempre está vivo. Es un mito, pero se convierte en real cuando ocurre. Espero que siempre exista esa idea de llegar a ser algo.
-Hablando de mitos, definiste a Bruce Springsteen como "un profeta". ¿La música es una experiencia religiosa?
-Debería serlo para la mayoría de la gente especialmente en el mundo actual, donde la religión es vista como algo ridículo.
-¿Cómo fue crecer en el desierto?
-Fui feliz. El arte no sólo es bueno si viene del dolor: creo que podés ser un buen observador. Yo siento. Y soy muy compasivo.
-¿Cuál era tu sobrenombre en la
escuela?
-Me llamaban simplemente "Flowers". Es algo machista de Estados Unidos: a los 13, cuando llegás a séptimo grado, empiezan a llamarte por el apellido para hacerse ver más machos.
-"Flowers" no suena muy de macho
que digamos...
-¡Ja, ja! Es cierto.
-Y así fue como decidiste rebautizarte "Killer"...
-Tomamos el nombre de un video de New Order, por las razones obvias: tiene mucho estilo. No se me ocurre un nombre mejor. Hay un tema de Bob Marley que dice: lo que tiene de bueno la música es que, cuando te golpea, no sentís dolor. De nuestra música podría decirse que cuando te mata no te duele.
-¿No es arrogante?
-Pero es divertido.
-¿No es ingenuo?
-Ingenuo y arrogante. Sí, ésa es una buena combinación.
Un viaje por Sam's town
"Es uno de los mejores discos de los últimos veinte años": en estos términos se refiere Brandon a, ejem, su propio disco. Después del éxito de Hot Fuss (3 millones de copias en EE.UU.), Sam's Town fue saludado como el último litro de oxígeno para el agonizante rock yanqui. "Tenemos influencias europeas, pero somos bien estadounidenses", le confirma Brandon al Sí!. Ahora están a punto de lanzar Sawdust, un ál- bum de lados B que incluye una grabación que realizaran junto a Lou Reed. "Le damos un giro moderno a lo clásico".
El Show: Socios del desierto
Una señal de ajuste hormiguea sobre el telón, como un guiño para la comunidad de fieles catódicos, poco antes de que el cantante Brandon Flowers salude con la retórica del pastor electrónico: "Es bueno verlos, hermanos y hermanas". Si el predicador es el Mesías americano de la era moderna, las imágenes en blanco y negro del videasta top Anton Corbijn, proyectadas sobre una tela gigante, recrean una liturgia Marlboro: el desierto polvoriento, las bolas de fardo cruzando la ruta, los sombreros de cowboy y el cartel-ícono "Welcome to Las Vegas". El bigotito fino, la mandíbula desencajada, el traje del vaquero atildado: empieza con Sam's Town, el himno para Las Vegas de los pobres, y sigue con su "interludio": el set, decorado con el gusto de un rancho en Navidad, es escenario para él solo, mientras los demás se resignan a monaguillos. En esta cancha de básquet que parece haber vivido tiempos mejores, se hace patente que The Killers pulió la fórmula del himno de estadio. A la altura del épico Bones, todos hacen coros gospel con el tema que es jingle del celular Motorola ROKR. Por fin, el clima se pone intenso cuando suena Somebody Told Me y el Killer, desatado en su vanidad, se permite el auto-homenaje: Flowers al público le tira flores. |