Tiene 30, novio y ganas de un hijo. Florencia Ruiz sacó cinco discos y la editan hasta en Japón. Pero no quiere dejar de ser maestra de música en un jardín.
Hay una extraña coherencia en esta persona. Florencia Ruiz es compositora, cantante y guitarrista virtuosa que surgió del under y fue ganando terreno aquí y en el exterior. Y está por sacarse las fotos para esta nota: "¿con el pelo para adelante? pero yo no soy así... salvaje", le dice al fotógrafo. Aunque igual se presta, después pide la estampa más "clásica, con colita".
¿Por qué extraña? Porque actúa en la entrevista, al mismo tiempo, tan cálida como una amiga de años y tan ajena a la conversación como si en lugar de sí misma, hablara de otra persona. La coherencia viene por el lado del bajo perfil: es obvio que la popularidad la tiene sin cuidado. Aunque su nombre empiece a resonar desde hace relativamente poco y a pesar de sus treinta años, su trayectoria es larga (su primer disco, Centro, fue editado en 2000). En su currículum se lee que es profesora de guitarra "egresada del Conservatorio" y, que da clases en un jardín de infantes. En su sonido y en su lírica, se lee mucho más.
Acaba de editar nuevo disco (Mayor) que sucede a una trilogía y un álbum de remixes y versiones. Pero es en este último trabajo en el que profundiza lo esbozado antes: experimentación, letras abstractas y metafísicas ("vencí la distancia", "andaré el camino hacia vos/ sosteniendo lo que no quedó"), armonías complejas y arreglos sutiles, que incluyen cellos, violines, Moog y charangos, entre otros.
"El anhelo de mi vida era componer obras y dirigir una orquesta", dice Florencia, mientras toma un té con leche en el bar de la esquina de Clarín. Y después define: "ahora no deseo lo mismo: mi alma está en las canciones que hago, en contribuir a la sensibilidad colectiva". Después, aclara que empezó estudiando guitarra, porque tenía que recibirse de profesora de un instrumento armónico para cursar composición. Y así lo hizo. Por entonces le gustaba (ahora también) la música contemporánea y soñaba con dedicarse a eso. "Siempre tuve la certeza de que iba a salir algo bueno, pero había que nutrirse: estudiando composición me di cuenta de que mi riqueza está en otra parte", aclara. Está en las canciones: aunque enfatice que no trabaja este formato, "a veces sale por casualidad".
En Mayor, hay un cambio conceptual con respecto a sus otros trabajos: hay una idea de alegría, de luz que no estaba en los anteriores. "Siempre me había relacionado con la música de una manera angustiante, pero ahora no, me meto a hablar de la relación padres e hijos, y de la maternidad", explica. Porque ése (ser madre) es un tema que se plantea. Florencia vive en Caballito con su novio desde hace siete años, y su gata. Y antes de tener un bebé piensa en saldar algo pendiente: irse de gira a Japón y México, donde se editaron sus discos ("fue muy grosso").
"Es un buen momento para ir, en Japón se editaron los primeros y el año que viene salen los dos últimos", comenta. Hasta ahora no se animaba a girar: "no estoy para dormir en cualquier lado pero es el momento de hacer una gira grande. Igual me da un poco de miedo: si me pierdo acá, imagináte en Tokio".
Es cierto, se pierde "acá": no tiene noción de puntos cardinales, ni de calles. "Cómo hago para ir a Rivadavia", pregunta al terminar. Y sigue charlando de otros planes, como el álbum que está grabando con Ariel Minimal (líder de Pez y ex guitarrista de los Cadillacs), con quien se junta a componer para este proyecto.
Florencia es fanática de Charly García ("no lo quiero conocer, está en su lugar de ídolo y quiero que se quede ahí") y le gusta el Spinetta de la época de Artaud (herencia que se lee en Mayor). Pero también admira personajes menos conocidos, como la folclorista Silvia Iriondo y Flopa Lestani, que se mueve en un círculo indie que comparten.
Antes de despedirse para ir a ensayar con su banda ("mmm, no, no llego: me voy para casa"), cuenta que, por mejor que le vaya en su trabajo como artista, no quiere dejar de ser "la maestra de música". "Te mantenés en un ámbito de buena onda, por eso elegí un jardín, porque es un lugar de alegría". Como su último disco, alegremente amarillo y con un pájaro infantil en la tapa.-
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